Don Draper, Maxwell Smart, Fernando Cerimedo y el culebrón de los fachos

Don Draper, Maxwell Smart, Fernando Cerimedo y el culebrón de los fachos

El caso del exasesor presidencial en Bolivia es más que un símbolo. Se trata de un síntoma del vínculo entre lo personal y lo ideológico en los partidos de ideas extremas. Algo que espeja con las actitudes de Javier Milei.

1.“Si no eliminamos a Nadia estamos jodidos”. Fernando Cerimedo es, como Manuel Adorni, algo más que un dirigente de una fuerza de ideas extremas. Su trayectoria es también un símbolo. Y un síntoma: una forma de hacer política que recurre a altísima tecnología –como algoritmos e inteligencias artificiales– y al mismo tiempo expresa impulsos humanos primitivísimos y poco sofisticados. En torno a quien fue uno de los dueños de La Derecha Diario, que manejó una granja de trolls, se encuentran ambos niveles. Ambos son parte del mismo mecanismo. Un mecanismo que también puede encontrarse quizás, solo quizás, más matizado, pero que también aparece en los líderes de la ultraderecha internacional. Por eso su historia, que termina en el intento de asesinato a Nadia Beller, es también la de un espacio político. Y de una sociedad que asiste a un espectáculo que es al mismo tiempo bizarro y estratégico.

2. Una de las mejores series de la historia fue Mad Men, un relato con reminiscencias de la literatura de John Cheever que narra al mismo tiempo varias cosas: el paso de los 50 a los 70, la importancia de la publicidad para la sociedad de los Estados Unidos y cómo lo individual espeja en lo colectivo: el relato de lo mínimo muchas veces contiene pólvora, se expande y se multiplica en otros relatos.

3. El protagonista de la serie, que se emitió entre 2007 y 2015 (más de diez años es tiempo suficiente para que al contar detalles del argumento no hagamos un spoiler), se llama Don Draper. Estuvo interpretado, de manera memorable, al punto que uno tiende a confundir la persona con el personaje, por el actor Jon Hamm. En la ficción, Draper es un creativo publicitario. Un personaje que siempre está al borde de la angustia y, aquí está la clave que se va conociendo a lo largo de la historia, tiene un pasado que oculta. Don es en realidad Dick Whitman, un joven pobre que adoptó la identidad de un oficial muerto en la Guerra de Corea para escapar de una infancia humilde y traumática. Don vive con el constante miedo a ser descubierto, lo que convierte su vida elegante en Manhattan en una ilusión.

4. El paso de Cerimedo de ser un timador semiprofesional a un asesor de las campañas de Javier Milei, de la familia Bolsonaro y hasta la semana que termina en Bolivia, es también la de la construcción de una biografía que no fue. Esa articulación incluye currículums falsos y entrenamientos militares que no sucedieron: eso es lo que Cerimedo contó sobre sí mismo. Como el publicista de la serie, su trabajo, su poder, también consiste en inventarse una historia.

5. La historia de Draper, a diferencia de la de Cerimedo, coincide con el boom de la televisión, de las revistas y no de las redes. Sin embargo, muchas de las cosas que se dijeron por entonces también tienen que ver con la forma de bajar línea de las derechas en tiempo de redes y fake news. Un clásico para comprender ese mundo es el libro Divertirse hasta morir, que por los años ochenta escribió un discípulo de Marshall McLuhan, Neil Postman. En el prólogo compara dos distopías, las que plantean dos escritores, George Orwell y Aldous Huxley. Dice lo siguiente: “Lo que Orwell temía eran aquellos que pudieran prohibir libros, mientras que Huxley temía que no hubiera razón alguna para prohibirlos, debido a que nadie tuviera interés en leerlos. Orwell temía a los que pudieran privarnos de información. Huxley, en cambio, temía a los que llegaran a brindarnos tanta que pudiéramos ser reducidos a la pasividad y el egoísmo”. El primer cuarto del siglo XXI parece haber descripto ese camino.

6. La metodología de trabajo de las granjas de trolls consiste en eso: inundarnos de información hasta el punto en que todo tenga un valor igual: diluir en la cantidad la solidez de lo que es verdadero. Lo mismo se aplica a la vida personal: el método de falsear revela inconsistencias que pasan al todo.

7. Otro síntoma, la repetición del mismo sistema en otro nivel del poder: el discurso de Javier Milei en la Cámara de Comercio revela su particular vínculo con la verdad. Cuando habla de los “pañuelitos verdes” como causa de desequilibrios tiene el mismo rigor que cuando confunde la inflación con la inflación mayorista. Lo argumental no se sostiene con los hechos. Pero es un mecanismo más complejo que el de mentir. De lo que se trata en más de un caso de los políticos de extrema derecha es de transformarse en aquello que enuncian, como pasa en la película de Woody Allen La rosa púrpura de El Cairo: lo que comienza en la ficción se hace realidad. Es algo más que una falta de coherencia. Se trata de un modo de conducir y estar en el mundo.

8. Siguiendo los chats de Fernando Cerimedo y su trayectoria, la asociación posible es con otro personaje de series de televisión, el superagente 86, Maxwell Smart, el espía del “recontraespionaje”. Si la historia de su vínculo con la abogada boliviana Nadia Beller no tuviera los ribetes de tragedia, tendría altos niveles de un culebrón. Uno que mezcla política, corrupción y dos mujeres de un personaje poderoso. Si Cerimedo es un poco el 86, su pareja argentina, Natalia Basil, parece la 99, la compañera de andanzas del espía bizarro. Todo mezclado con una tragedia personal, muy triste por cierto.

9. Los magnates de la ultraderecha de Silicon Valley tienen una mirada escéptica sobre la formación de los Ejecutivos y los políticos del futuro. Peter Thiel y su CEO, Alex Karp, reniegan de las universidades adonde fueron ellos mismos. El experimento de la Argentina de los últimos tres años revela los efectos de esa metodología (que es coherente con su impronta ideológica). Como decíamos al principio, se mezclan pasiones humanas tristes con herramientas del futuro. Uno de los efectos, tal como lo demuestra el discurso oficial, es la desconexión con la realidad.

10. Esa desconexión debe ser discutida en la próxima campaña y en los meses que siguen. El filósofo Ernst Cassirer escribió: “La realidad física parece retroceder en proporción a los avances simbólicos de la actividad del ser humano. En vez de tratar las cosas en sí mismas, el hombre está, en cierto sentido, en constante conversación consigo mismo. Se ha enfrascado tanto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos mitológicos y ritos religiosos, que ya no puede ver o enterarse de nada, excepto mediante la interposición de un medio artificial”. A veces, intentar no perder el rumbo puede terminar en perder el juicio.

 

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