La provincianización del poder

La provincianización del poder

La geografía tiene una importancia determinante a la hora de hacer política. No se reduce a lo territorial, riquezas de recursos naturales, trascendencia militar y comercial por la existencia de fronteras con otros países o una ubicación central que la convierte en cruce de caminos, sino cómo estos elementos fueron creando una población y una cultura que dispone la forma en que se construye el poder y qué tipo de dirigentes pueden surgir en función de cómo circula la información y qué tipos de problemas perciben los ciudadanos que tienen.

La idea de que Buenos Aires, con su puerto, originariamente único, era responsable de una captura de renta que le correspondía al interior es tan histórica como la construcción misma de nación, pero en las últimas décadas encuentra dos nuevos motivos para reconfigurar esa perspectiva. La pampa húmeda va camino progresivamente a dejar de ser la principal fuente de riqueza exportadora, porque la minería y la energía emergen como productoras de dólares en igual o eventualmente mayor magnitud haciendo que surja un nuevo poder económico en el oeste alrededor de la cordillera de los Andes, lo que genera que Argentina se redescubra también como un país andino, luego de dos siglos de mirar a su este Atlántico. Y la bonaerización del peronismo que realizó el kirchnerismo apoyando su maquinaria electoral en el Conurbano, sumado al fenómeno que lo precedió con la autonomía electoral de la Ciudad de Buenos Aires tras la reforma constitucional de 1994.

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Cuando el gobernador de Córdoba se refirió a “los pituquitos de la Recoleta”, englobaba correctamente no solo como porteños al distrito electoral que termina en la avenida General Paz, sino también a todo el conurbano bonaerense como un solo territorio cultural. Con razón, porque todos los gobernadores de la provincia de Buenos Aires son así, porteños, desde Scioli y Kicillof, pasando por Duhalde y María Eugenia Vidal.

Las provincias vienen dando señales de nueva rebelión frente al ambacentrismo que ya tuvo sus episodios contemporáneos, cuando el riojano Carlos Menem le ganó a Antonio Cafiero en 1988, cuando Duhalde se impone al puntano Rodríguez Saá en 2002 y cuando el santacruceño Néstor Kirchner destrona a Duhalde en 2005. Ahora la primera señal fue en 2025 con la creación del sello electoral Provincias Unidas y el lanzamiento en mayo pasado en Parque Norte del nuevo Peronismo Federal, que se plantó como ni kirchnerista ni kicillofista.

La reunión de unidad del peronismo de la semana pasada volvió a reflejar la ausencia de protagonismo del interior, porque todas las miradas se concentraron en Kicillof, Máximo Kirchner y Massa, a pesar de la participación de otros gobernadores, como Ricardo Quintela, de La Rioja; Gildo Insfrán, de Formosa; Sergio Ziliotto, de La Pampa; Gustavo Melella, de Tierra del Fuego; y el exgobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora, además de los presidentes de los bloques del Congreso, el formoseño José Mayans y el santafesino Germán Martínez.

Inmediatamente se generaron conjeturas plausibles sobre cuáles eran dos posibles formas de ‘unidad’: que Cristina Kirchner apoyara la candidatura de Axel Kicillof, a cambio de colocar ella el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, o un interna entre Kicillof y Massa, apoyada por Cristina. En ambos casos, las provincias quedan fuera del debate periodístico que vuelve al trípode bonaerense: Cristina - Massa - Kicillof.

En los reportajes del programa de las mañanas de Perfil, con entrevistas a distintos participantes de esa reunión, surgieron algunas coincidencias, como que todos aspiran a que unas PASO no solo sirvan para legitimar a quien termine siendo el candidato a presidente del peronismo, sino que resulte el vehículo para poder sumar candidatos de otros partidos, como en 2015 hizo el PRO con la UCR y la Coalición Cívica al formar Cambiemos, para seguir siendo su primus inter pares.

Para algunos, había que convocar a Myriam Bregman; para otros, resultaba imposible que el Partido de los Trabajadores Socialistas como Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad se sumaran al peronismo, pero sí el cordobesismo de Schiaretti y hoy Llaryora, históricamente antikirchnerista.

La posibilidad de sumar al cordobesismo como al socialismo santafesino y el radicalismo no mileísta del interior no dependerá de las provincias, sino del armado final nacional. Si se divide en tercios como en 2023, habrá posibilidad de que estos sectores se sumen al del espacio nacional ni peronista ni mileísta. Pero si no surgiera un candidato aglutinador y la sociedad se tuviera que polarizar entre antiperonismo y antimileísmo, es probable que a las fuerzas provinciales no kirchneristas ni mileístas no les quede otra alternativa que tener que sumarse en una coalición anti-Milei si La Libertad Avanza les armara candidaturas a gobernador en sus distritos que pusieran en riesgo la reelección de esos gobernadores.

Muy interesante fue la explicación del gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, sobre la cumbre del peronismo la semana anterior. El futuro candidato del peronismo “debería ser del interior y gobernador, además de haber sido previamente intendente”, porque esa experiencia de proximidad y luego de administrador de un gran presupuesto provincial permite desarrollar las capacidades prácticas de gobierno que no se adquieren de otro modo, y del interior, porque es donde la riqueza se genera, y tampoco quien no haya gobernado allí podría desarrollar una comprensión real de la economía del total del país.

Los casos de gobernadores del interior obviamente se refieren a Menem y a Néstor Kirchner; el ejemplo de quienes acumulan cargos de gobernador e intendentes son los otros dos candidatos que se mencionan en unas eventuales PASO del peronismo: los exgobernadores de San Juan Sergio Uñac y de Santiago del Estero Gerardo Zamora, ambos previamente intendentes en su provincia.

Kicillof no fue intendente, Massa no fue gobernador y ninguno de los dos es del interior. Otro síntoma: los outsiders son siempre todos porteños y paradójicamente alguien del interior sería lo nuevo, porque los principales candidatos presidenciales de las últimas elecciones fueron todos ambacéntricos: Milei, Massa, Bullrich, Alberto Fernández, Macri y Scioli, y antes la propia Cristina Kirchner.

El interior tiene intereses diferentes, percepciones espaciales distintas a lo todo cercano del AMBA; no es lo mismo el Estado para quien vive en la Patagonia o el NOA que para un porteño o del Conurbano: el transporte, la seguridad, los medios de comunicación. Por eso, los patrones electorales son más estables en el interior cuando cambian las preferencias a nivel nacional. No hay que olvidar que la política ocurre en el espacio antes que en las instituciones.

De: Jorge Fontevecchia

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